Quien eligiera la noche
a una lluvia de soles.
Quien coleccionara aromas de océanos
en seres esculpidos.
Quien inmortalizara formas de nubes
en sueños de papel y arcilla.
Quien inventara nombres para un nuevo color
y pintara sonidos aún no respirados.
Suceden acontecimientos y eventos de misterio.
Se acumulan uñas en las espaldas de los días
se sacuden tigres de sal en los sueños.
Los dientes del otoño duermen en vinagre,
hermético silencio de una multitud que grita.
La magia del laberinto desagota su música
en el alma de los inocentes que circulan en un siglo,
y su sonido perturba, y su aroma carcome
la piel del ser, del individuo solitario
para quien la resistencia es un refugio sin nombre.
Lo abrumador llega a los días con constancia,
y el cansancio se repite en formas que besan los párpados,
las raíces del miedo crecen bajo ellos y muerden el alma.
El misterio de la tierra perturba el orden de las cosas,
más allá de la rayuela, el límite posible,
más allá de las reglas del juego,
la nada,
la posibilidad de todo,
un nuevo mundo que no existe,
una cosa sin nombre,
un ser sin lengua y sin lenguaje pronunciando abecedarios mágicos.
El sentido de la vida cuelga de la boca del infinito.
Quien besara el miedo primitivo,
ya no está entre nosotros.
Voy a beber de mi propia soledad
nudo de nudos
lágrima de horizontes.
Vagabundo en la esquina de lo sueños,
adicto a la tentación de la memoria,
el impulso magnético de lo efímero
empuja el sol hasta la grieta de tu boca.
La luz es una lengua que el cielo besa,
el abecedario puebla circunstancias
hacen falta nuevas palabras
para cambiar la realidad.
Para terminar de nacer
los siglos no alcanzan,
la tierra es el útero imperfecto del hombre,
el océano, el sexo de la historia,
la atmósfera, la vagina de los sueños,
la luna, la virilidad atrofiada de los dioses,
el planeta, el momento exacto de un recuerdo futuro
la sílaba guardada en la cárcel de la boca.
La civilización es una semilla de sombra
naciendo en los ojos de una mariposa ciega
soñada por días más largos que el invierno,
por la pulsión inconsciente de un dios homosexual
en el momento que te miras al espejo
y piensas que ropa te vas a poner hoy.
Una poetisa amiga, Alejandra Dening tuvo la curiosa tentación de escribir una versión libre del poema “imaginación primitiva” que escribí días pasados. Una creación hermosa, una inversión radical del sentido, una fuerza de esperanza de que lo mejor aún puede estar por venir, pero depende de nosotros.
En el poema original, el invierno gobernaba e imponía su cláusula de angustia, en el poema de Ale el invierno es finalmente derrotado; el poema original cantaba “encierro ilusiones en museos de huesos”, Ale dice: “encierro en museos mis huesos”. Los huesos eran la materialidad de la prisión de las ilusiones, con Ale los huesos devienen en objeto de encierro! En el original la nariz era hundida en la soledad, Ale celebra “la soledad me hunde la nariz”!
El juego de palabras nos lleva a subvertir el sentido, la poesía deviene así en una praxis revolucionaria por el sentido de la realidad!
Versión libre del poema de Lein: Imaginación Primitiva
Busco la ausencia nombrada
pero me repito en melancolías,
y la soledad me hunde la nariz
y la obediencia me duerme la noche
y los días sólo quiero que se vayan
y me sumerjo en bares
y me reflejo en ventanas
y diseño un cautiverio perfecto:
recluyo emociones
esquivo deseos
sujeto voces que no existen
y encierro en museos mis huesos,
hasta que el invierno, derrotado
levante su cláusula de angustia.
Alejandra Dening
Buscando la ausencia nombrada
perdurando en repetidas melancolías,
situado más allá de lo que diariamente permanece inmóvil
hay un poder interno,
un movimiento de miedo,
una cláusula de angustia que nos impone el invierno.
Anticipando la imaginación de los enfermos
recolecto deseos, colecciono ecuaciones de angustia,
murmuro jardines de arrepentimiento.
Hundo mi nariz en la soledad,
espero que el día transcurra
retorno a lo predecible con la luna
en la noche duermo con obediencia,
dejo que los días me gobiernen
transito las calles con obligación,
me sumerjo en bares, me reflejo en ventanas
evito las miradas de los enfermos sueltos.
Diseño un cautiverio perfecto,
encierro emociones, esquivo deseos,
me sujeto a voces de seres que no existen,
me esfuerzo por agradar,
fabrico risas que simulen una alegría profunda,
destilo apariencias de hombre feliz,
construyo enigmas y diálogos de esperanza,
me someto al poder de los acontecimientos,
dejo que otros especifiquen mis actos,
encierro ilusiones en museos de huesos,
guardo rencores, olvido palabras, descifro sentimientos,
juego que la realidad es un juego y me someto a sus reglas,
abatido, me dejo herir por lo sencillo
resisto desde lo invisible,
predico el lenguaje de la comprensión.
Almost out of the sky, your soul’s atmosphere is being there
a strange presence in my sudden dreams.
There is your absorbed figure
as a ghost crying clouds of nostalgia.
My self is becoming an existence of sound,
where music’s scent twists over itself and dies,
at each moment of blue solitude
your empty presence comes towards me without memories
In the loneliness of the sky,
you are wearing the colour of an ocean
you are a nameless melody
as a word without sound.
The air of your name needs to be breathed
to be understood until the death of the last star.
Your name, must have been beautiful before you existed,
but I love it so much, as a perfect world of cold fire
where I am being protected from another side of myself.
La continuidad de los días nos hace olvidar.
Lo efímero es la novedad sin memoria,
que se une a la piel y nos persigue,
el acontecimiento nos rodea y nos respira
hasta que unimos nuestro cuerpo al sentido de las cosas.
Misterio primitivo el existir.
Dioses robados de dudosa virginidad.
Un laberinto de seres asedia mis plegarias.
Me repito entre sombras de pasados actos
y noches cansadas iluminan y muerden.
Me repito hasta unirme al misterio de las cosas,
un signo de posibilidad
pretensión absurda de existencia.
Busco la diferencia umbilical,
la unidad posible de lo exótico,
el acoplamiento inevitable de la forma sin cuerpo,
lluvia y tierra se repiten hasta definirnos.
El orden triste de la continuidad,
hasta resumirte en un número
como ecuación matemática del sexo.
Goce de lo incorpóreo
afirmación de la anuencia
el ser es posibilidad incompleta.
La huella del deseo inmaterial,
delirio sin tacto, placer sin sentido.
La música de un beso
flor sin olor,
lluvia sin agua,
tierra sin hombres
amo todo aquello que no puedo besar.
La duplicación es una forma absurda de perdurar.
El intento de persistir se refleja en instantes.
Pienso en todas las noches que no vi
en el olor irrecuperable de la luna.
El movimiento animal de los cuerpos
la savia mineral del sexo de las uvas.
El misterio de la palabra suavidad,
que atracción magnética tiene.
La duda es una flor
y tu eres un pétalo.
Un país de cerezas
un nombre de mujer en una piedra olvidada.
Por la delgada piel del verano sube tu misterio,
del sol parece robado tu magnético amarillo,
que persiste e inunda las estaciones del alma…
Es tu voz escrita como relámpago
la que llega a mi vestida de sal y trueno
cuando siento las hojas de tus ojos cayendo…
Por la espiga de tu pecho suben huellas de besos
lágrimas de labios rotos
que rodean el agua de mujer clara que tu eres…
En la risa de tus párpados hay sensación de días cansados
de mariposa inmóvil, de primavera ausente…
En tus palabras de barco hay sensación de viento huyendo,
erosionando lágrimas de hielo en el invierno,
esculpiendo rosas de frío en tus pupilas.
Hay sensación de tiempo haciéndose gritos, gemidos de auxilio,
cayendo como gotas de velocidad en lo cotidiano.
Bajo la piel de tu vida hay un camino
esperando que tus huellas de mujer salgan de tu océano y lo habiten.
Si quieres que te quiera no me quieras,
húyeme, aléjate del mediodía
haz de la mitad del miedo tu silencio.
Vuélvete otoño, conviértete en hoja
emigra en tu amarillo, guarda tu luz,
oscuréceme como en una noche última.
Fórjame como fruta primitiva,
abandóname!
siembra en mi color tus intenciones de arco iris
porque de un cielo a otro no hay tanta distancia
sino miedo.
Invádeme con un sentido de naufragio
aúlla tu himno de cerezas,
como semilla te besaré en la tierra
y así seremos sin quererlo.

Cuando se precipita de la boca
la ausencia tartamuda del cereal malherido
y la carne se constituye
como enemigo irrenunciable del estómago.
El conjunto de huesos
organizado como arena
retorna a la debilidad que hace
del cuerpo el albergue transitorio
de acontecimientos desdichados.
Cuando en el tiempo golpean las campanas
de un hambre sin boca
y el alimento ingresa y busca saciar la ilusión,
y luego la guerra desemboca
en la perturbación odiosa
y los dedos se visten de cañones asesinos,
que exilian del estómago el paso interpuesto de la muerte.
Y las heridas se acurrucan como piedras
que aúllan un himno de lobos hambrientos.
Y sobre la pegajosa superficie
el metal ronco se afila
hasta hacer nacer la chispa en un nuevo precipicio
el abrupto hoyo negro
congela en su impaciencia
otra soga anudada
como un candado de lágrimas.
Cuando deslizándome por vértices impertinentes
toco los odios del recuerdo
y otra vez el sonido maloliente retorna a tu recuerdo
juzgo el derecho poéticamente retorcido
de un sufrimiento que usa camisas y bastones negros
para ayudar al paso vertiginoso
que apila en una montaña zapatos otoñales.
Desde su historia, cuando retorna,
el delirio alimentario
compromete toda circunstancia,
y una pupila es colada por una banda de alfileres voladores
el agotamiento secuestrado de sus tumbas planetarias
vuelve como un ser pálido
con rodillas siniestras e inarticuladas.
Cuando como tantas otras disposiciones
el delirio alimentario inunda
las profundidades vacías
rellenas de algodones hospitalarios,
hago alimento de poesía cerealera,
lleno los versos de vegetales verdes
para que en el exilio de la carne
conserven las alas
las simpatías del cielo.

Desde mi soy un número arrepentido
que no supo amar la aritmética y multiplicarse.
Soy un número olvidado, incuantificable.
No quiero ser nombrado. Pero soy en el silencio.
En la ausencia de mi nombre mi anti-yo despierta.
Cada vez que la radio aúlla su sustancia matutina de tiempo circular.
Se desliza lo olvidado como un recuerdo pegajoso.
Si, lo se,
vuelvo a ser el término dispuesto a dividirse,
a revolcarse ronco por las avenidas.
Soy esa misión minúscula,
número sexual, desenfrenadamente atrapado
en un aplauso muerto
donde el sonido destiñe su saliva de viento.
| M | T | W | T | F | S | S |
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